
Realizado Por: Diac. Noe Martinez C. Categoría: Fortaleza, Fe Fecha: Nov, 2025
Sinónimos: retribución, remuneración, gratificación, recompensa, premio, compensación.
Es un famoso experimento psicológico realizado por Walter Mischel en la década de 1960 en la Universidad de Stanford a finales de los años 60 y principios de los 70. Le ofrecieron a cada niño un malvavisco y les dijeron que saldrían de la habitación y que los niños podían comerlo si querían. Sin embargo, si un niño retrasaba comerse el malvavisco hasta que el equipo regresase a la habitación, probablemente después de 15 minutos, tal vez sería recompensado con dos malvaviscos.
¿Qué mide la prueba?
Autocontrol: La habilidad de resistir un impulso o deseo inmediato en favor de una recompensa más grande en el futuro.
Se ha observado que los niños que lograron esperar en el experimento tendieron a obtener mejores resultados en diferentes áreas de la vida.
A veces los niños parecen estar esclavizados al momento. Cuando quieren algo, lo quieren al instante y les cuesta mucho captar el concepto de esperar para recibir una recompensa mejor o de negarse un placer porque puede perjudicarles más tarde. Con todo, es algo que los niños y todos nosotros necesitamos aprender.
La gratificación instantánea: Es el impulso de satisfacer un deseo de inmediato, sin esperar ni medir consecuencias. Surge de la necesidad de placer momentáneo, lo que puede llevar a decisiones impulsivas. Este es un comportamiento que demuestra una debilidad del carácter. Es un error estar interesados solamente en la gratificación inmediata, no queremos o no podemos retrasar la gratificación por algo mas valioso en el futuro.
A veces vemos algo que llama nuestra atención. Lo queremos, ¡y lo queremos ya! Pero ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar? ¿Vale la pena recibirlo ahora si eso significa renunciar a algo mucho más valioso en el futuro? (Proverbios 25:28)
Estas decisiones diarias moldean el carácter y determinan el rumbo del éxito personal, espiritual y emocional. Si podemos renunciar a nuestra necesidad de gratificación inmediata, a menudo, obtendremos mucho más a cambio. (Tito 2:11-14)
Hoy en día, gracias a Internet y los medios sociales, vivimos en un mundo donde la gratificación instantánea es la moneda de cambio. Esperamos respuestas inmediatas a nuestros mensajes de texto o publicaciones, personas comunes y corrientes se transforman en “estrellas de la noche a la mañana” al subir sus videos en YouTube, queremos bajar de peso en una semana y estar saludables después de una sola sesión en el gimnasio, queremos ser millonarios sin trabajar y alcanzar nuestros sueños sin esfuerzo, pero esto es inviable.
Los cambios constantes y los valores de la cultura popular hicieron que la cultura del esfuerzo y el autocontrol diera paso a una generación que ya no sólo exige resultados sin esfuerzo, sino que demanda incluso el fruto del trabajo duro y consistente —el éxito o la autorrealización— omitiendo los valores y el estilo de vida que conducen a esto. Si podemos renunciar a nuestra necesidad de gratificación inmediata, a menudo, obtendremos mucho más a cambio.(Tito 2:11-14)
Esta tensión entre el beneficio instantáneo y el esfuerzo, conocida en la psicología moderna como la dicotomía entre instintos (gratificación instantánea) y decisiones racionales (gratificación aplazada), nos ha hecho olvidar el valor del autocontrol y nos ha transformado en una sociedad impaciente.
Los seres humanos estamos inclinados al pecado por naturaleza. Todos sentimos el impulso de pecar en algún momento u otro, porque hacerlo nos aporta muchos beneficios tangibles, aunque vanos, a costa de los valores morales y espirituales. La tentación es el impulso para pecar. Somos juzgados por el grado en que impedimos nuestras tentaciones, justamente debido a la naturaleza pecaminosa de la humanidad, la que en algún momento dado nos hace caer en tentación. Afortunadamente, nunca estamos solos en nuestra búsqueda por frustrar las tentaciones. (1 Corintios 10:1-13, Gálatas 5:16-26, Efesios 6:10-18)
La gratificación aplazada, recompenza postergada o demora de gratificación: denota la capacidad de una persona para esperar con el fin de obtener algo que desea. Es la habilidad de posponer una recompensa presente por una mayor o más significativa en el futuro. Requiere autocontrol, paciencia y visión. En términos sociológicos, el buen control de los impulsos se considera una característica personal positiva; el psicólogo Daniel Goleman indicó que es una característica importante dentro de la inteligencia emocional esto quiere decir que es una característica importante para tener éxito en la vida. (Eclesiastés 11:1) Por otra parte, aquellos que carecen de la capacidad psicológica de controlar los impulsos son los que buscan gratificación instantánea y difícilmente pueden aplazar esta necesidad.
Los 613 preceptos de la Ley, por definición nos enseñan disciplina y autocontrol; esto es especialmente cierto en las leyes que tienen que ver con las relaciones prohibidas y las leyes de la dieta alimenticia. Y no sólo nos enseñan teóricamente, sino que más importante aún, nos fuerzan a poner en práctica constantemente estos importantes conceptos. (Santiago 1:12-14)
La implicación es que si algo por definición es placentero ahora —de manera instantánea—, entonces no puede ser placentero en el largo plazo. La consecuencia inevitable de la gratificación instantánea es la sensación de vacío o depresión. Rashi nos está enseñando que una de las ideas claves que precedieron la entrega de la Torá es la idea de la gratificación aplazada. Aceptar ahora, para disfrutar de los frutos en el futuro. (1 Pedro 1:3-9, 13-16)
«… Aquellos que son pacientes (perseverando en la adversidad, venerando a Dios, y absteniéndose de los pecados) sin duda recibirán su recompensa sin medida»
El aplazamiento de la gratificación permite a la gente administrar su tiempo, sus metas, tareas y responsabilidades, todas las cuales son llaves del éxito. La gente que resiste sus deseos tiene verdadera libertad y consiguen dar sentido real a sus vidas. Esto permite realmente que los individuos tengan control sobre sí mismos, y puedan dirigir sus vidas. Desde este punto de vista, el aplazamiento de la gratificación, como atributo psicológico de la personalidad y también como medio de instrucción religiosa, demuestra ser un principio esencial de la felicidad en este mundo y en el venidero. (Hebreos 10:35-37, Santiago 5:7-12)
El deseo de gratificación instantánea es un sintoma de una mente que carece de control de sus impulsos y emociones; es un enemigo de la paciencia que quebranta los objetivos a largo plazo, se burla de la responsabilidad y atenta contra ella. Demorar la gratificación es un principio que se aprende; es una habilidad de la vida que nos ayuda a manejar las situaciones y las presiones, especialmente las tentaciones que el mundo nos ofrece. (1 Juan 2:16).
Para tener éxito, las personas deben posponer a voluntad la gratificación inmediata y persistir en el logro de los objetivos que les conduzcan a resultados posteriores. De modo que probablemente no viviremos mejor si tenemos que gratificar al instante cada uno de nuestros impulsos, esta idea no es popular en un mundo construido sobre la idea de las soluciones rápidas.